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El abandono de los ancianos es una verdadera eutanasia simulada, advirtió este domingo el Papa Francisco, tras hacer un llamado a la grey católica para construir una sociedad más humana y acogedora, con el propósito de contrarrestar y eliminar la “cultura del descarte”.

“La violencia contra los ancianos es inhumana, así como la que se comete contra los niños. ¡Pero Dios no los abandona, está con ustedes! Con su ayuda, ustedes son y seguirán siendo la memoria de su pueblo; y también para nosotros, para la gran familia de la Iglesia. ¡Gracias!”, manifestó el Santo Padre durante la misa que ofreció el domingo ante cientos de adultos mayores congregados en la Plaza de San Pedro.

Explicó que la vejez, de forma particular, es un tiempo de gracia en el que el Señor nos renueva su llamado: nos llama a custodiar y transmitir la fe, nos llama a orar, especialmente a interceder; nos llama a estar cerca de los necesitados, pero los ancianos, los abuelos, tienen una capacidad para comprender las situaciones más difíciles: ¡una gran capacidad! Y cuando rezan por estas situaciones, su oración es más fuerte ¡es poderosa!

Por ello, Su Santidad lamentó el que muchas veces se descarta a los ancianos con actitudes de abandono, “que son una verdadera eutanasia escondida”.

Dijo que el efecto del descarte le hace mucho daño al mundo. “Se descarta a los niños, a los jóvenes y a los ancianos con el pretexto de mantener un sistema económico equilibrado, en cuyo centro no está la persona humana, sino el dinero. ¡Todos estamos llamados a contrarrestar esta cultura del descarte!”, argumentó.

En este sentido, refrendó que los cristianos, junto con todos los hombres de buena voluntad, están llamados a construir con paciencia una sociedad diversa, más acogedora, más humana, más inclusiva, que no necesita descartar a los débiles de cuerpo y mente; aún más, una sociedad que mide su propio paso precisamente sobre estas personas.

“Como cristianos y como ciudadanos, estamos llamados a imaginar, con fantasía y sabiduría, los caminos para afrontar este reto. Un pueblo que no custodia a los abuelos y no los trata bien, no tiene futuro: pierde la memoria, y se desarraiga de sus propias raíces. Pero, cuidado: ¡ustedes tienen la responsabilidad de mantener vivas estas raíces en ustedes mismos! Con la oración, la lectura del Evangelio, las obras de misericordia. Así permanecemos como árboles vivos, que aun en la vejez no dejan de dar frutos”.

El Papa Francisco apuntó que son bienvenidos los hogares para ancianos cuando éstos no tienen una familia que puede acogerlos. “No debe haber institutos donde los ancianos vivan olvidados, como escondidos, descuidado. Me siento cerca de los numerosos ancianos que viven en estos institutos, y pienso con gratitud en los que los van a visitar y los cuidan”.

Agregó que los hogares para ancianos deberían ser los “pulmones” de humanidad en un país, en un barrio, en una parroquia; deberían ser “santuarios” de humanidad, donde los que son viejos y débiles son cuidados y custodiados como un hermano o una hermana mayor. “¡Hace tanto bien ir a visitar a un anciano! Miren a nuestros chicos: a veces los vemos desganados y tristes; van a visitar a un anciano, y ¡se vuelven alegres!”.

A los abuelos, que han recibido la bendición de ver a los hijos de sus hijos, se les ha confiado una gran tarea: transmitir la experiencia de la vida, la historia de una familia, de una comunidad, de un pueblo; compartir con sencillez una sabiduría, y la misma fe: ¡el legado más precioso! ¡Felices esas familias que tienen a los abuelos cerca! El abuelo es padre dos veces y la abuela es madre dos veces, señaló el Santo Padre.